Ventana
Abuso verbal: la violencia invisible que se esconde en hogares, escuelas y trabajos
Abuso verbal: la violencia invisible que se esconde en hogares, escuelas y trabajos
Por : Yudy Suárez
El abuso verbal es una de las formas de violencia más silenciadas y normalizadas en la sociedad, pero también una de las que más daño causa. No deja marcas visibles en la piel, pero sí heridas profundas en la autoestima, la salud emocional y las relaciones interpersonales de quienes lo padecen.
Este tipo de maltrato se manifiesta en insultos, críticas constantes, burlas, amenazas y comentarios denigrantes, pero también en gestos intimidantes como portazos, lanzar objetos o dañar pertenencias personales. El objetivo es siempre el mismo: controlar, humillar y debilitar a la víctima.
Una violencia normalizada
Durante años, gritos, insultos y humillaciones han sido minimizados como “cosas de carácter fuerte” o simples discusiones. Sin embargo, organizaciones sociales y especialistas en violencia de género advierten que se trata de un patrón de maltrato psicológico que debe ser denunciado y visibilizado con la misma fuerza que el abuso físico.
El abuso verbal no se limita al entorno de pareja; también ocurre en las familias, en los centros educativos, en espacios laborales y comunitarios, donde el silencio y la falta de denuncia permiten que continúe de manera impune.
Señales de advertencia
Entre las señales más comunes de este tipo de violencia están los insultos repetidos, las críticas destructivas, el lenguaje denigrante, las amenazas verbales, los gritos constantes, la manipulación psicológica (gaslighting) y la presión emocional para someter a la víctima.
Consecuencias sociales
Más allá del sufrimiento individual, el abuso verbal genera un impacto social que perpetúa ciclos de violencia. Personas que crecen en entornos de insultos o humillaciones tienden a reproducir ese mismo patrón en su vida adulta, alimentando una cadena de maltrato que afecta a familias enteras y a la sociedad en general.
Organizaciones comunitarias y defensoras de derechos humanos llaman a romper el silencio, denunciar y erradicar esta violencia invisible que, aunque no deja golpes, destruye vidas.







