Ventana
La educación: la clave para prevenir y detener la violencia de género
La educación: la clave para prevenir y detener la violencia de género
Autora : Viviana Jacobo
La educación se erige como una de las herramientas más sólidas y transformadoras para prevenir la violencia de género en la sociedad. Desde las aulas, donde se forman los valores fundamentales de la ciudadanía, los centros educativos tienen la capacidad de sembrar en la niñez y la juventud los principios del respeto mutuo, las relaciones sanas, la igualdad y la empatía. Al hacerlo, contribuyen a desmontar roles y estereotipos dañinos que históricamente han perpetuado desigualdades.
Educar no solo implica enseñar contenidos académicos; también significa guiar a los estudiantes hacia patrones de conducta positivos, fortalecer habilidades socioemocionales y promover relaciones afectivas basadas en el respeto y la comunicación no violenta. La palabra, el diálogo y la escucha activa se convierten así en las primeras líneas de defensa ante los conflictos.
Promover la conciencia crítica dentro de las aulas es esencial. Para muchas adolescentes, la escuela es el espacio donde aprenden a identificar señales de control, manipulación, abuso psicológico y otras formas de violencia que pueden presentarse en relaciones tempranas. Al reconocerlas, se empoderan para pedir ayuda, buscar orientación psicológica y actuar de manera preventiva.
Las escuelas, además, desempeñan un rol protector. Son espacios donde estudiantes víctimas de violencia pueden encontrar apoyo, acompañamiento y rutas claras para la denuncia. Para ello, es indispensable activar y fortalecer protocolos institucionales que permitan intervenir de manera oportuna, en coordinación con las familias y las autoridades competentes. Esto exige docentes y personal administrativo debidamente capacitados en prevención, atención y denuncia.
Tres pilares sostienen el aporte de la educación en la prevención de la violencia de género:
1. La educación en valores, que fomenta la tolerancia, la solidaridad y, especialmente, la empatía, la cual permite ponerse en el lugar del otro.
2. La educación sexual integral, que ofrece información clave sobre salud sexual y reproductiva, relaciones afectivas sanas y consentimiento.
3. La reflexión crítica, que invita a cuestionar mensajes, normas y patrones culturales que normalizan o encubren la violencia.
Al final, la verdadera transformación nace de la alianza entre familias y docentes. Esta sinergia es la que formará mujeres y hombres capaces de respetar las diferencias, resolver conflictos mediante el diálogo, expresar sus emociones de forma saludable y convivir en una auténtica cultura de paz.
Porque la prevención —desde el hogar y la escuela— siempre será la vía más eficaz para evitar situaciones dolorosas y romper definitivamente con la cadena de la violencia.







