Cultura e historia
La insólita historia del canibalismo médico en Europa: cuando se comían momias como remedio
La insólita historia del canibalismo médico en Europa: cuando se comían momias como remedio
LA REDACCIÓN
Comer momias puede sonar impensable hoy en día, pero en la Europa de los siglos XV al XIX esta práctica fue considerada un remedio eficaz contra dolores de cabeza, malestares estomacales e incluso enfermedades graves como el cáncer.
Durante siglos, los cuerpos embalsamados de Egipto fueron valorados no por su importancia histórica, sino por sus supuestos beneficios medicinales. La curiosa y macabra tradición tiene su origen en un error de traducción y en antiguas creencias médicas.
El origen del malentendido
El término mumia designaba originalmente un asfalto natural que brotaba de una montaña en Persia y que era usado en la medicina árabe por sus propiedades curativas. Sin embargo, cuando los europeos entraron en contacto con estos textos en los siglos XI y XII, tradujeron erróneamente mumia como una sustancia proveniente de los cuerpos embalsamados en Egipto.
El parecido entre la palabra mumia y mummy (momia), sumado al hecho de que algunas momias egipcias habían sido tratadas con asfalto, reforzó la confusión. Así, los europeos comenzaron a creer que consumir partes de momias podía tener efectos medicinales.
El auge del “canibalismo médico”
La práctica se insertó rápidamente en una tradición ya existente: el llamado canibalismo medicinal, que consistía en aprovechar supuestas propiedades curativas del cuerpo humano. Desde beber la sangre de gladiadores para curar la epilepsia hasta usar grasa humana en ungüentos caseros, estas creencias estaban muy arraigadas en la Europa medieval.
Con la llegada del mumia, médicos y boticarios prescribían polvo de momia para tratar desde simples dolores hasta afecciones cardíacas. La demanda fue tan grande que los saqueos de tumbas en Egipto se multiplicaron, y comerciantes inescrupulosos comenzaron a fabricar “momias falsas” con cadáveres recientes de criminales ejecutados y esclavizados.
Incluso personajes de la realeza participaron en estas prácticas. Se cuenta que el rey Carlos II de Inglaterra consumía un elixir conocido como las “Gotas del Rey”, hecho a base de cráneo humano pulverizado.
La fiebre victoriana por las momias
Con el tiempo, surgieron dudas sobre la eficacia de estos remedios, pero la fascinación por las momias nunca desapareció. Durante la Era Victoriana, en el siglo XIX, las “fiestas de desenvolvimiento de momias” se pusieron de moda en Inglaterra, organizadas en hospitales, universidades y hasta en salones privados.
A pesar de las restricciones para exportar antigüedades, el tráfico de momias continuó alimentado por la moda, la curiosidad científica y la creencia en sus supuestos poderes. No fue hasta finales del siglo XIX cuando el consumo de momias dejó de practicarse como medicina.
El legado de un mito
Hoy, aunque ya no se recetan momias como remedio, la mística de Egipto Antiguo sigue presente. Desde cosméticos que evocan fórmulas “mágicas” hasta películas y productos inspirados en faraones y tumbas, la fascinación occidental con las momias continúa viva.







