Opinión
«La lectura: un camino hacia la libertad y el enriquecimiento personal»
Por : Luciano Vásquez.
El verbo leer, al igual que amar y soñar, no tolera el modo imperativo. Siempre se aconseja que si un libro te aburre, lo dejes; que no lo leas simplemente porque es famoso, moderno o antiguo. La lectura debe ser una forma de felicidad, y no se puede obligar a nadie a ser feliz.
La relación con los libros es profundamente personal y única para cada lector. Un libro puede resonar con una persona en un momento específico de su vida, mientras que a otra puede resultarle indiferente o tedioso. Forzar la lectura de un texto que no despierta interés no solo resulta infructuoso, sino que puede llegar a crear una aversión hacia la lectura en general. En lugar de seguir normas estrictas sobre qué debe leerse, es más enriquecedor explorar diferentes géneros, autores y estilos hasta encontrar aquello que realmente nos apasiona.
Además, la lectura es una actividad que se enriquece con la libertad de elección. Los gustos literarios son variados y cambian con el tiempo. Lo que hoy no atrae, mañana puede convertirse en una revelación. Esta flexibilidad es crucial para desarrollar un amor genuino por la lectura. La imposición y la obligación, por otro lado, pueden transformar una actividad placentera en una tarea pesada y sin sentido.
Por esto, es fundamental cultivar una cultura de la lectura basada en el placer y la curiosidad. Los padres, maestros y bibliotecarios deberían actuar como guías que ofrecen opciones variadas y sugieren libros, en lugar de imponerlos. Crear espacios donde se compartan experiencias lectoras y se descubran nuevos mundos a través de los libros puede fomentar una conexión más profunda y significativa con la literatura.
En conclusión, leer es un acto de libertad y descubrimiento personal. Debemos permitirnos y permitir a los demás la libertad de elegir qué leer y cuándo hacerlo. Solo así la lectura podrá ser verdaderamente una fuente de felicidad y enriquecimiento personal.







