Opinión
“Medicinas falsificadas: un crimen que no se cura con operativos, sino con justicia”
📰 Editorial | Luciano Vásquez
Medicinas falsificadas: un crimen que se comete con guantes blancos
En este país ya casi nada sorprende, pero hay cosas que siguen indignando. Que sea el propio ministro de Industria y Comercio quien admita públicamente que hay mucha medicina falsificada en el mercado —incluso en farmacias—, eso es gravísimo. No estamos hablando de rumores ni de denuncias anónimas: lo dice un ministro del gobierno. Entonces, ¿en quién vamos a creer?
Porque si fuera una investigación periodística o una denuncia de una ONG, uno podría decir: “esperemos los resultados”. Pero cuando el mismo Estado reconoce que circulan medicamentos falsos libremente, la pregunta es inevitable: ¿qué están haciendo las autoridades?
El ministro habló de operativos y laboratorios clausurados en Santiago, en Moca y en otros puntos del país. Muy bien. Pero llevamos años escuchando lo mismo. En el gobierno de Hipólito, de Leonel, de Danilo y ahora también. Siempre hay decomisos, fotos, declaraciones… pero ¿cuándo hemos visto un verdadero régimen de consecuencias?
Porque detrás de esos laboratorios no hay pobres diablos. No es un “pipero” el que fabrica medicinas falsas. Ahí hay gente con saco y corbata, con conexiones políticas, con dinero y con poder. Y a esos nunca los vemos esposados ni enfrentando la justicia.
Mientras tanto, el pueblo compra lo que cree que es un tratamiento para la diabetes, el cáncer o la hipertensión… y lo que se está tomando es veneno o agua con colorante. No solo pierden su dinero: pierden la salud y hasta la vida.
El propio ministro también habló de bebidas alcohólicas adulteradas, de whiskies, vinos y cigarrillos falsificados. Pero lo verdaderamente alarmante no es eso: lo más grave es la falsificación de medicinas. Eso no es un delito comercial. Eso es un crimen contra la vida.
Por eso, desde este espacio, le decimos claro y de frente: señor ministro, no basta con operativos ni con discursos. Publique los nombres, las direcciones, las farmacias que venden esos productos. Que el pueblo sepa dónde no comprar. Y que los dueños de esos laboratorios vayan a la cárcel, no al club social.
Mientras la justicia no toque a los de cuello blanco, seguiremos llenando nuestros estómagos con basura disfrazada de medicina.
Y eso, señor ministro, no se cura con operativos.
Se cura con justicia.







